PoesÃas
Yo sé de una conversación fútil y frecuente
que anuncia en la noche del alma compañía,
y estas páginas son su recuerdo
forma del nosotros en busca de alegría.
No quisiera tanto escribirla,
darme de coces con la gramática y su norma,
ni salir al galope de la música
…buscando…
suspiros y risas, colores y notas.
Pero no es vano luchar; ya que hay cifras
que nos alertan y nos congojan
y si pudiera en reunión repetirlas,
tal vez encontraríamos la forma,
la forma del nosotros en busca de alegría.
EN BUSCA DEL FUEGO
“Algún vuelo estará quemando el aire,
no por ardiente sino por lejano”.
Claudio Rodríguez.
Quien a mi casa se acerque, tal vez advierta libros
como témpanos desnudos que cantan en silencio,
ellos son en frío trovadores de la escarcha,
hablan cuando yo sueño, y sueñan en mi cuando yo hablo.
No todos, los mejores, dibujan vidrio,
escarcha gris entre los ojos, y saben decir
lo que quiero decirte, para que lo oigas
cómo quiero que lo oigas.
Testigos de aquella tierra pobre,
de aquella siembra helada,
los libros de mi casa nos dicen
que la noche ha durado demasiado.
LA FAROLA
“La ciudad es triste, ya se sabe”.
Antonio Jiménez Millán
“Al leer algunas cosas, y en concreto me refiero al blog de Jiménez Millán, uno se da cuenta de que el mundo no acaba de volverse loco del todo”.
Constantino Bértolo.
Será porque hemos crecido entre imágenes de belleza antigua,
será porque sólo oímos voces de otro tiempo ocultas por las olas,
será que es frágil el cristal refugio de la espuma de este sueño,
será que ni la muerte nos salva del capitalismo.
Será porque la sombra es dueña de la norma y la costumbre,
y el aullido de los lobos se equivocó de bando como siempre,
será que en las fotografías siempre
alguien nos mira y nos sentencia.
Y ya sería triste recordadlos a todos,
y poner los números de sus tatuajes,
el campo y la zapatilla que se dejaron en la huída.
Y ya sería triste inventar sus historias,
disimular la memoria en sombras chinas,
llamar a la mierda democracia,
escribir en el periódico algo
que no fueran las esquelas de los excluidos.
EL CUARTO DE LAS RATAS
Nunca me llevaron al cuarto de las ratas,
entre amenazas crecí tratando de apagar
caprichos y rabietas, temeroso tan sólo
del cuarto de las ratas.
Aquel espacio me hacía soñar con lugares inseguros,
y he llegado a creer que un tatuaje
haya crecido conmigo desde entonces.
Mas, al leer Una habitación propia de Virginia Wolf,
recuerdo ahora aquella otra habitación,
y entonces pienso que tal vez sea verdad
que el miedo es de cobardes,
y que el problema consista justamente
en que nunca me llevaron al cuarto de las ratas.
EL CANTO DEL GUERRERO
No existe un ejército configurado,
así que nuestro canto no será forzado.
No hay trincheras donde cantarlo,
así que nuestro canto no será cantado.
Un susurro será nuestro canto de guerra,
un silencio será nuestro canto de guerra,
un despertador apagado,
nuestro canto de guerra